
¡Compañeros!
La lucha de clases el 1 de mayo comienza en la carnicería.
El proletariado organizado como clase dominante ejerce su dictadura sobre la parrilla bien provista antes de hacerlo sobre el opresor capitalista, como todo marxista consecuente reconoce. No hay posesión común de los medios de producción sin la previa posesión de los medios de subsistencia que permitan a la clase obrera obtener la enjundia que la lucha requiere.
La conquista de un asado es un eslabón fundamental en la cadena que conduce a la dictadura del proletariado. Los mártires de nuestra clase no se batieron solamente por el establecimiento de un Estado Obrero, por la abolición de la explotación de clase; también lo hicieron por la apropiación del popular alimento.
La burguesía nos niega el suministro del vacuno sustento, sabedora de que este es el cimiento de nuestra batalla, el sostén de nuestra política y la meta de nuestra inquebrantable prédica.
El desarrollo de esta contradicción refleja el balance de fuerzas que prevalece en la sociedad. Mientras la burguesía reaccionaria se aferra más que nunca al hueso de su dominio históricamente perimido, nosotros, obreros conscientes, damos un mordisco al jugoso pulpón de la organización socialista de la producción.
Nuestra clase es el único sector progresista de la sociedad. La democracia obrera, surgida del desarrollo del modo de producción capitalista, constituye la culminación de las tendencias históricas engendradas por el capital. La producción mercantil, el intercambio sobre la base de la propiedad privada, la fragmentación del trabajo social en unidades antagónicas y la conversión del trabajo humano en una mercancía más, características éstas que definen al capitalismo, dejan paso a una organización consciente del trabajo por los propios productores. ¡Pero para que esto sea posible es necesario tomar la vaca por los cuernos, tomar el asado por asalto, poner toda la carne en el asador de la lucha de clases!
El Estado es la máscara que encubre la dominación de clase. La democracia burguesa implica el consentimiento de su condición por parte de los explotados. El sufragio es la aprobación que damos al dominio del capital. Obreros y patrones no tienen nada en común; nos nutrimos de fuentes diferentes; mientras ellos abjuran del asado, nosotros lo consideramos una conquista estratégica. Sus choripanes preelectorales no sacian nuestro hambre de igualdad; no la igualdad formal refrendada en una Constitución que legitima los privilegios de la minoría explotadora, sino el apetito insaciable por la igualdad material nacida del usufructo en común de los productos del trabajo.
El régimen capitalista ha cumplido su misión histórica, al elevar la productividad del trabajo a niveles jamás conocidos por la humanidad. Con esto la burguesía ha socavado su propia justificación como clase dominante, allanando el camino a la conquista por el proletariado del poder político, eliminando de este modo las diferencias de clase.
La base material de este salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad es la efectiva socialización del trabajo. Ya no hay lugar para los parásitos que se apropian del trabajo colectivo
Es hora de que nos alcemos para acabar de una vez por todas con la irracionalidad de un régimen a medio cocer. Los trabajadores preferimos nuestro asado bien cocido.
¿Quiénes deben ser los asadores de este banquete obrero?
El proletariado liderado por el partido de vanguardia. Por eso, este 1 de mayo convocamos a hacer el mayor agasajo que se recuerde, asando a la burguesía en el parrillero de la historia, dejando que se cueza en las brasas de las relaciones de producción perimidas.
¡Por la independencia de clase, fuera los burócratas de la cocina obrera, fuera el gobierno de la mesa socialista!
Nota: L.V.P. adhiere al acto (y a todo acto político y/o vandálico, dicho sea de paso) contra la burocracia sindical, el gobierno y la patronal. Carneros. Y sepan los maestros que son unos carneros también.






